Pensar demasiado suele empezar en silencio. Un pensamiento pequeño se convierte en un hilo, y pronto la mente transforma ese hilo en un nudo.
Lo que más me ayuda no es obligar a la mente a quedarse en silencio. Es notar el patrón temprano, pausar y volver a algo sencillo: la respiración, la habitación, el cuerpo o la siguiente acción pequeña.
El momento presente no siempre es fácil de sostener, pero suele ser más amable que el futuro imaginado que seguimos ensayando.
El objetivo no es silenciar cada pensamiento, sino dejar de tratar cada pensamiento como una instrucción.



